Una ovejita, dos ovejitas... sesenta ovejitas


El sueño es una necesidad fisiológica básica del ser humano, pero además, es uno de los hábitos más importantes en la vida de una persona, pues el tiempo que dedicamos a dormir gira en torno a un tercio de la vida.
El sueño puede verse alterado por multitud de factores como la propia salud o el ritmo de vida, por lo que las alteraciones suelen ser una señal de que algo no está funcionando bien.
Las alteraciones del sueño suelen ser comunes y frecuentes a lo largo de la infancia:
A lo largo del primer año, es habitual que los bebés no duerman bien. Como hábito que es, deberemos establecer rutinas para que aprenda a satisfacer sus necesidades por el día y descansar por la noche.
Durante el segundo año, es posible que aparezca una resistencia a irse a dormir, así como el surgimiento de miedos y pesadillas. Es recomendable trabajar en la higiene del sueño (rutinas, cuidar el tiempo antes de irnos a dormir, bajar la luz, evitar las pantallas…), y acompañar a los más pequeños desde la calma y el cariño cuando aparecen los episodios de miedo y/o pesadillas.
Entre los 3-5 años, los miedos y pesadillas se acentúan, aparecen comportamientos negativistas de irse a dormir y problemas para conciliar el sueño. Durante estos años, es habitual que reclame la presencia del adulto antes de irse a dormir. En este sentido, debemos continuar con la higiene del sueño, el acompañamiento y las rutinas. Asi mismo, se recomienda atender a las necesidades de los niños y las niñas, para que se sientan seguros.
En Efecto Galatea somos conscientes de que aprender a dormir es una necesidad para el buen desarrollo de niños, niñas y adolescentes.
Una vez más, preguntarnos el por qué no quiere dormir o por qué nos reclama, nos facilita cubrir adecuadamente las necesidades de los pequeños, pues tendremos una mayor capacidad de resolver la alteración de sueño y anticiparnos a dificultades posteriores.



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