El sueño como proceso de aprendizaje


El sueño es uno de los procesos de aprendizaje más importantes en la vida de una persona, pues el tiempo dedicado a dormir gira en torno a un tercio de la vida. El hábito de sueño de cada persona es bastante variable y es, a lo largo de la infancia, que se puede observar una necesidad de dormir más o menos horas. Así, podemos encontrarnos a personas con un patrón de sueño largo, es decir, más de 8 horas, o a personas con un patrón de sueño corto, menos de 8 horas.
Como decíamos, el sueño es un proceso de aprendizaje, y como tal, requiere de la formación de un hábito, que comienza con el nacimiento del bebé, capaz de dormir hasta tres cuartas partes del día. Alrededor a los 6 meses, el pequeño pasará durmiendo poco más del 50% del día, y conforme el niño crece, el número de horas de sueño se irá reduciendo. Es al final de la adolescencia, sobre los 20 años, que la necesidad de dormir o el hábito se estabiliza en torno a las 8 horas de sueño.
Sin lugar a dudas, dormir es un placer, pero también, una gran necesidad psicofisiológica. Nuestro cuerpo y nuestra mente necesitan descansar para reiniciar el sistema cada mañana. Cada ciclo de sueño, permite que las conexiones neurales se sanen y que los tejidos y células se regeneren; funciones que facilitarán, que al despertarnos nos sintamos bien y con fuerzas para afrontar el nuevo día.
Descansar cada noche y despertarse tras un sueño de calidad, tiene beneficios relacionados con la salud, tanto a nivel físico como mental. Estudios demuestran que dormir bien, tiene una repercusión directa en diferentes variables interpersonales, sociales y ocupacionales. Más concretamente, nuestro rendimiento se ve significativamente mejorado en relación al conjunto de funciones ejecutivas que nos permiten funcionar en el día a día, como la atención, la concentración, la memoria o la velocidad de procesamiento.
En Efecto Galatea, sabemos que el sueño, como necesidad básica del ser humano, es un proceso de aprendizaje con repercusiones directas en el buen desarrollo y rendimiento de los niños y los adolescentes, por lo que os recomendamos trabajar en este proceso a partir de una buena higiene del sueño, que facilite un sueño de calidad cada noche, en relación a un hábito que gire entorno a 8 horas de descanso.



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