Disciplina positiva, educar desde el respeto.

Actualizado: 1 sept 2021

Los orígenes de la disciplina positiva están en dos autores de referencia, Aldred Adler y Rudolf Dreikurs, quienes defendían que educar suponía tratar al niño con respeto y establecer una crianza democrática. Más adelante, las autoras Jane Nelsen y Lynn Lott, continuaron con el trabajo de sus dos predecesores tratando de establecer las claves para que la disciplina positiva fuese eficaz y enseñando a padres herramientas y estrategias para que llevasen a la práctica esta nueva corriente educativa.
La disciplina positiva se define como una nueva corriente psicoeducativa que establece que la clave de la educación está en el respeto entre las personas que forman parte del proceso, y que este se logra a partir de estilos educativos democráticos. En este sentido, se deja a un lado la cultura del castigo para dejar paso a la cultura del refuerzo, dadas las inmensas ventajas educativas que tiene el reforzamiento, en comparación a todas las consecuencias negativas del castigo.
En base a lo anterior, la disciplina positiva busca alcanzar un doble objetivo. Por un lado, ayudar a los adultos a entender la conducta de los niños, promoviendo actitudes positivas hacia ellos, a través de las técnicas psicoeducativas reforzantes; y por otro, ayudar en la búsqueda de soluciones para que los menores se involucren como sujetos activos de su propia educación, haciéndoles sentir así, más motivados y partícipes.
En Efecto Galatea, consideramos esencial trabajar desde la disciplina positiva, pues sabemos que si nos preguntamos el por qué de las conductas, será más fácil entender y atender las necesidades del menor, y en consecuencia, educar desde el respeto. Así mismo, creemos en el poder de las herramientas educativas eficaces basadas en el refuerzo y en la búsqueda de soluciones, pues con ellas será más fácil ayudar a los niños y adolescentes para que desarrollen su máximo potencial.



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