Aprendiendo a comer


La conducta alimentaria es un proceso de aprendizaje que comienza con la formación del hábito alrededor del quinto mes de vida. Estos hábitos irán cambiando, hasta llegar a los 2-3 años, momento en el que el pequeño comenzará a comer los alimentos del adulto y a ganar en autonomía. La estabilidad alimentaria se produce sobre los 12 años, cuando el niño logra comer de todo y de forma variada.
Lo habitual es que a medida que el niño va creciendo vaya teniendo preferencia por ciertos alimentos, y que vaya aprendiendo nuevas conductas en relación a las comidas.
La mayoría de los padres quieren que sus hijos coman mucho, de todo y bien; pero como os decimos, la alimentación es un proceso, y como tal, es necesario ser paciente y constante, para guiar al pequeño en su aprendizaje. Por eso, desde Efecto Galatea te dejamos algunas indicaciones:
Buscar al menos una comida al día en familia. La implicación familiar nos facilita dedicarle tiempo a nuestro hijo, también en lo que se refiere a la alimentación.
Refuerzo positivo de los intentos por la aceptación de nuevos alimentos. Los elogios, las caricias o los premios nos facilitan que la conducta vuelva a repetirse.
Retirada de atención. Cualquier conducta no deseada del niño a comer debe acompañarse de la retirada de atención. Evita el drama.
Tiempo para comer. Comer lento es un hábito saludable, pero suele ser una de las quejas principales de los padres. Te invitamos a reflexionar sobre este tema. Si existe un problema real, puedes utilizar un reloj para determinar un límite de tiempo.
Comidas entre horas. Evita darle alimentos entre comidas para que llegue con hambre a la mesa.
Durante la comida. Prevé ciertas conductas que puedan interrumpir la comida, como levantarse a hacer pis.
Desde Efecto Galatea te recomendamos consultar con un profesional de la salud, si observas en el menor, algún problema entorno a la alimentación.



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