Negociar con adolescentes: Un reto necesario


La negociación nos permite llegar a acuerdos entre dos o más personas. Es una estrategia más que podemos llevar a cabo a la hora de educar.
Cuando negociamos llegar a puntos en común con la otra persona, escuchar, comprender y empatizar con sus necesidades. Esto puede resultar difícil de llevar a cabo cuando no estamos acostumbrados a hacerlo, pero sirve para que ambas partes se beneficien de lo acordado.
Negociar con adolescentes puede suponer un reto. Las necesidades que tenemos como adultos no son las mismas que tienen ellos, pero sin duda la negociación tiene grandes beneficios:
Nos permite escuchar y dialogar. Ponernos en el lugar de nuestros hijos e hijas, entender sus necesidades, saber qué quieren y qué buscan.
Los adolescentes se sienten partícipes y con la confianza de poder exponer sus argumentos, además, no verán los límites y las normas como impuestos sino como consensuados.
Cuando negociamos establecemos las propuestas y las consecuencias que tendrán las conductas. En este sentido, conocer las consecuencias que traerán nuestros actos nos ayuda a tomar mejores decisiones sobre cómo queremos actuar.
Aumenta la autoestima de nuestros hijos e hijas al percibir que los adultos confían en ellos y en sus decisiones desde el momento en el que les escuchan y valoran su opinión.
Nos enseña (a ambas partes) a empatizar con la otra persona, a justificar y a defender lo que consideramos, pero también a ceder. Nos permite tener otra visión más allá de la nuestra y a llegar a acuerdos donde todas las personas salgan beneficiadas.
Sin duda la negociación es una herramienta útil y efectiva. Sin embargo, no todo es negociable. No podemos negociar todo cada día, y hay normas (como de seguridad y protección) que no son negociables o flexibles.
¿Te animas a poner en práctica la negociación con tus hijos e hijas?



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